Wasuremono en espacio Douzo Rocamora

Por Matías Billordo

 

Wasuremono (objetos-perdidos) es un proyecto curatorial de Soledad Uchima e Ignacio Chico, con la participación especial de Mami Goda y la colaboración de Florencia Fridman. Se trata de un conjunto de objetos que pertenecen a distintas familias de la comunidad japonesa Nikkei en Argentina. Muchos de los objetos expuestos atravesaron varias generaciones y largas distancias para que, en aquella ocasión, cohabitaran el espacio de una galería de arte.

Una primera impresión que tuve de la muestra Wasuremono, es que no se trataba de una mera sucesión de objetos en una muestra de arte, donde suele prevalecer una realidad estética. En la sala los objetos fueron iluminados cenitalmente de forma teatral, y, además, distribuidos de manera que se pudiera circular entre ellos. Y mientras caminaba a través de los objetos noté, cada vez de forma más manifiesta, que el montaje invitaba a observar activamente, no solo los objetos en exhibición, sino que, además, a nuestros movimientos y las reacciones de los otros visitantes, que en la semipenumbra de la sala y junto a los murmullos, conformaban algo más que un marco para la muestra.

En mi recorrido me convidaron con una medida de Sake y observé diferentes actividades, de las cuales surgieron una serie de charlas, como si se tratasen de una guía de sala, de los herederos de los objetos expuestos. 

La explicación del origen de los objetos generaba cierta visible emoción en los participantes de la muestra. Vinculados a los afectos familiares, sin dudas, tales menciones refuerzan lazos de pertenencia y permiten pensar que los objetos no nacen y mueren sin vincularse: ni con la historia del país del que provienen, ni con la muestra que ese día los acercó. Los objetos son algo donde verse reflejados, y son muy importantes en la construcción de la identidad de una comunidad; una filiación que va más allá de la relación entre los humanos, implican lo no-humano; los objetos, que desde lo cotidiano pueden ir generando indiferencia, en Wasuremono, reúnen a propios y ajenos en torno a una experiencia donde la vida se fusiona con el "intenso" pasado histórico.

De la particularidad de aquellos objetos me resultaron fascinantes: El kimono, cuya seda estaba hecha por gusanos que fueron alimentados por quien luego lo vestiría; Un libro de cuentos infantiles (Momotarou), que generó una lectura colectiva en japonés: es la historia de una pareja de ancianos que encuentran en el río un durazno gigante del cual, para su sorpresa, sale un bebé.

La conjunción entre las sensaciones que despierta la sala y aquellos sentimientos que despiertan las historias vinculadas a los objetos, nos permiten no restringir la experiencia estética a la relación entre un espectador singular y el objeto de arte singular, y, asimismo, incluir otros polos y acercarnos desde variadas experiencias: la interioridad-exterioridad, o la sensación y el movimiento en el espacio, pero, y sobre todo, nos invita a imaginarnos, a nosotros mismos, en la posición de los demás para  así poder relacionarnos empáticamente con su experiencia.